17 de mayo de 2012

Soneto a Don Bosco en la Novena

Sublime estabas allí engalanado
ante el Altar que a Ella la coronaba
como Reina y Madre que proclamaba
tu palabra, siempre humilde legado.

Nunca en el centro tu cara velaba
el Cetro en su mano fuerte y alzado,
te escondías sencillo entre bordados
dejándola, así, sola a quien le hablaba.

De esta forma comienza la Novena,
sin llamar la atención a quien te adora
pues es Ella el auxilio de las penas.

Por eso la Asociación rinde ahora
tu Santidad a sus pies, siempre buena,
siendo Tú quien la llamó, Auxiliadora.

Antonio Gila Bohórquez,
Antiguo Alumno.

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