15 de febrero de 2013

El milagro de los pequeños albañiles

En su entrada del 26/01/2013, don José Miguel Núñez nos habla en su blog Palabras al Oído sobre la recuperación milagrosa que experimenta Don Bosco de la terrible enfermedad que casí acaba con su vida cuando contaba tan solo con 31 años
En julio de 1846 Don Bosco enfermó gravemente. Una bronquitis aguda con inflamación de los pulmones, unida al agotamiento y la debilidad lo llevaron a las puertas de la muerte. Conocemos bien el episodio. El joven sacerdote no había cumplido todavía los 31 años y comenzaba la obra de los oratorios con los pobres jóvenes abandonados a su suerte en los arrabales de Turín. Se sentía, destrozado por la enfermedad, a punto de acabar, aceptando encontrarse al final del camino y preparado para el encuentro con el padre.

La noticia de su enfermedad comenzó a extenderse como un reguero de pólvora por los talleres, las fábricas y los andamios de la ciudad: “¡Don Bosco se muere!”.

Un número incesante de muchachos desfilaban por los pasillos de El Refugio de la Marquesa Barolo, donde Don Bosco tenía por entonces su habitación, para preguntar por él e interesarse por su salud. Como el propio Don Bosco describe en las Memorias del Oratorio, supo más tarde que aquellos jóvenes:

“Espontáneamente rezaban, ayunaban, iban a misa, comulgaban; se alternaban pasando la noche en oración y el día delante de la imagen de María de la Consolación. Por la mañana se encendían velas especiales y hasta bien entrada la noche había siempre un gran número de chicos pidiendo a la Madre de Dios que curase a su pobre Don Bosco (…) Me consta que bastantes muchachos albañiles ayunaron a pan y agua durante semanas sin parar de trabajar…”.

Y el milagro se hizo...

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