13 de marzo de 2015

13/mar 2015, Viernes 3º de Cuaresma

Amarás a tu prójimo como a ti mismo

¡Escucha, Israel! Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Qué mandamiento es el primero de todos?” Respondió Jesús: «El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser». El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No hay mandamiento mayor que éstos». El escriba replicó: “Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser
y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Marcos 12, 28-34 

Comentario (José Joaquín Gómez Palacios, sdbEn la narración que precede al texto que leemos hoy, Jesús se las ha visto con herodianos, saduceos y fariseos. Aunque estas tres facciones religiosas y políticas mantenían serias diferencias entre ellas, se han coaligado para atacar a Jesús, hacerle caer en imprecisiones heterodoxas y tener de qué acusarle. Jesús sigue rodeado de personas ansiosas por saber más acerca de su mensaje. Ahora le llega el turno a un escriba que está admirado de lo bien que responde Jesús. Con sinceridad de corazón se atreve a preguntar al Maestro qué mandamientos seguir para acceder al Reino. Jesús le resume todos los mandamientos en una antigua ley del Deuteronomio (6, 4-5), que recalca el amor a Dios con todo nuestro ser antes que ninguna otra cosa. Y luego toma otro mandato antiguo, que aparece en el Levítico (19, 18), y ratifica el amor que se debe dar al prójimo. La gran originalidad de Jesús está en que une los dos mandamientos, indicando que uno no se puede cumplir sin el otro. Sólo se puede amar a Dios amando al prójimo. El escriba añade una cosa muy importante: «Amar al prójimo como a uno mismo es más que todos los holocaustos y sacrificios» Jesús termina reconociendo que también entre los escribas hay personas que están muy cerca del Reino de Dios. Las preguntas que le hacen a Jesús algunas personas del pueblo nos dan a entender que Dios siempre ha estado presente en todos los pueblos, en sus culturas, en todos los tiempos, depositado las semillas de su Reino. Jesús cita leyes del antiguo pueblo de Israel para responder a la pregunta que le hacen. Utilizando retazos de la sabiduría ancestral de su pueblo está valorando positivamente la Ley de su antiguo pueblo. Jesús responde con libertad y confianza porque comprueba que aquel escriba tenía un sincero deseo de encontrar el camino que le condujera cerca del corazón de Dios. Aquellas comunidades de cristianos, a partir de la respuesta de Jesús, entendieron que el amor a Dios no está puesto fuera de la esfera humana. Es decir, amar a Dios sólo es posible amando al prójimo; y el amor que se practique con Dios debe ser igual al practicado con las demás personas. Con esta forma de unir a Dios y al ser humano, Jesús abre un panorama nuevo: Se sale de la práctica deshumanizada de la ley, para llegar a lo importante: la humanización, el crecimiento profundo del ser humano. Lo importante será el ser humano y no las leyes que matan a las personas para rendir culto a un falso dios. 

El pórtico de Salomón · Templo de Jerusalén 

El evangelio de Marco sitúa al texto que leemos hoy en el Templo de Jerusalén. En el Templo de Jerusalén existía el llamo Pórtico de Salomón. Construcción magnífica. Las columnas de la parte inferior medían 16 metros. Tenían capiteles dorados y bellamente tallados. El Pórtico de Salomón era el lugar donde habitualmente se reunían rabinos y escribas para comentar y debatir pasajes de la Ley de Dios y su correspondiente interpretación. Jesús acudirá frecuentemente al Templo y, en este lugar concreto, discutirá con rabinos, escribas y fariseos.

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