23 de marzo de 2015

23/mar de 2015, Lunes 5º de Cuaresma

Yo soy la luz del mundo
Jesús habló otra vez a los escribas y fariseos diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no caminará en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.»
Los fariseos le dijeron: «Tú das testimonio de ti mismo; y tu testimonio no es válido.»
Jesús les respondió: «Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es válido, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni a dónde voy. Vosotros juzgáis según la carne, yo no juzgo a nadie; y si juzgo, mi juicio es verdadero, porque no estoy yo solo, sino yo y el que me ha enviado, el Padre. Y en vuestra Ley está escrito que el testimonio de dos es válido. Yo doy testimonio de mí mismo y además da testimonio de mí el que me envió, el Padre»
Ellos preguntaban: «¿Dónde está tu Padre?
Jesús contestó: Ni me conocéis a mí ni a mi Padre. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre»
Jesús tuvo esta conversación junto al Arca de las Ofrendas, cuando enseñaba en el Templo. Y nadie le echó mano porque todavía no había llegado su hora.
Juan, 8, 12-20

Comentario (José Joaquín Gómez Palacios, sdb) El evangelio de hoy es continuación del que leíamos ayer. Jesús afirma que es «la luz del mundo»... ¿Qué entendían los contemporáneos de Jesús al escuchar la palabra «luz» pronunciada en ambiente religioso?
- Los judíos usaban frecuentemente la imagen de la luz y su opuesto: luz/tinieblas. Caminar en la luz era sinónimo de obrar rectamente, practicando la justicia, cumpliendo la oración, el ayuno y la limosna. Los impíos caminaban en tinieblas.
- La Ley de Dios (La torah) era la luz que iluminaba el caminar del pueblo como una antorcha en la noche.
- Dios había guiado a su pueblo con una especie de columna de luz para que no sucumbiera en su caminar por el desierto y alcanzara la tierra prometida; tierra de la fraternidad.
- El templo de Jerusalén es frecuentemente comparado con una luz puesta sobre un monte para alumbrar no sólo al pueblo de Israel, sino a todas las naciones de la tierra.
- El Mesías era simbolizado por una luz que brillará para el pueblo. Recordemos las alusiones a la luz que hacen determinados textos proféticos de Isaías que leemos en el adviento: «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz...»
- El vocablo «luz» es aplicado al mismo Dios en determinadas ocasiones.
Cuando el evangelio de Juan afirma que Jesús es « la luz del mundo», está diciendo: La ley antigua ha pasado, Jesús trae la nueva ley de Dios para el nuevo pueblo. Jesús es el Mesías esperado por los profetas, Jesús es el nuevo templo donde habita Dios y acogerá a hombres y mujeres de toda la tierra...
Incluso se está afirmando que Jesús es la auténtica luz, en contraposición con la «iluminación» que proponían los círculos gnósticos. Las ideas «gnósticas» fue uno de los primeros problemas que tuvo la joven Iglesia. Esta especie de filosofía religiosa afirmaba que la salvación llega simplemente por conocer verdades y doctrinas, sin necesidad de acciones históricas comprometidas con la justicia y la liberación de los más oprimidos.
Los primeros cristianos se opusieron al «gnosticismo» porque Jesús no sólo había predicado una doctrina, sino que había realizado muchas acciones liberadoras en favor de los más oprimidos.
El educador cristiano se convierte en «luz» para los chicos y chicas. Él es el guía concreto, puesto al frente de un pueblo de jóvenes, para conducirles a un desarrollo integral.  

Lámparas y faroles de aceite
Las lámparas de aceite constituían la fuente de iluminación nocturna en tiempos de Jesús. El estilo de lámparas de aceite fue heredado por el pueblo de Israel de los antiguos cananeos.
Con el paso de los años la luz pasó a simbolizar la Ley de Dios que ilumina la vida del justo.

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