8 de mayo de 2015

8/may de 2015, Viernes 5º de Pascua

Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos
Dijo Jesús a sus discípulos:
«Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros”.
Juan 15, 12-17

Comentario (José Joaquín Gómez Palacios, sdbLa alegría es un valor que hay que implantar en los lugares en los que se desarrolla nuestra vida, especialmente en el ámbito educativo.
Otro de los valores que aparece en el evangelio es el de la amistad. No hay ser humano que no tenga algún tipo de experiencia en el campo de la amistad. Es otro de los valores de nuestra vida diaria.
Ordinariamente nuestra sociedad liga la alegría a un modelo de amistad superficial, que hace a las personas pasajeramente felices, porque mutuamente celebran sus superficialidades, viven momentos de expansión incontrolada, tapan sus debilidades, o critican a los demás.
Este modelo de amistad superficial no resiste una confrontación con el modelo de amistad que nos presenta Jesús en su evangelio.
Frente a un modelo de amistad aparente, Jesús nos habla de “su amistad”, entendida como algo profundo y duradero, lleno también de sentimientos, pero hondamente arraigado en la convicción de hacerle el bien al amigo, de hacerlo crecer en busca de su propia transformación.
Jesús define tres cualidades a su propuesta de amistad: En primer lugar, les dice a sus discípulos que los llama amigos porque “les ha dado a conocer todo lo que aprendió de su Padre”. Una amistad que enriquece.
En segundo lugar, Jesús les exige también algo a sus amigos: “Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando” ¿Y qué les manda? Que se amen unos a otros. El verdadero amigo no atrapa al otro sólo para sí. Por el contrario, quiere que comparta con todos, el amor y la amistad. Una amistad que no crea círculos cerrados.
En tercer lugar, la amistad llega hasta dar la vida por el amigo: “no hay amor más grande que éste: dar la vida por sus amigos”. La verdadera amistad significa entrega y donación.
El educador cristiano toma buena nota de este valor que aparece tan claramente en el evangelio de hoy. Y facilita la creación de verdaderas amistades entre sus alumnos, no sólo de un difuso compañerismo.
Para ello, el educador cristiano, facilita los procesos educativos de socialización. Desarrolla la dimensión social y asociativa en los chicos y chicas con actividades, iniciativas y asociaciones juveniles que van más allá del aula.
Cultivando esta dimensión, niños y jóvenes hacen experiencia de la comunidad cristiana.

La cena de Pascua
La Cena de Pascua es un ritual que ya celebraba el pueblo de Israel cuando tan sólo era un grupo reducido de clanes nómadas del desierto. El elemento central del rito consistía en el sacrificio de un cordero. Con su sangre se marcaban los mástiles de las tiendas; signo de buen augurio para los rebaños.
En tiempos de Jesús este ritual recordaba la liberación de Egipto o Éxodo. Se consumían lechugas amargas (recordando los amargos momentos de la esclavitud); se untaba pan sin levadura en una mermelada rojiza (recuerdo de la argamasa de barro con la que fabricaban ladrillos para el Faraón); se comía cordero asado como plato central. Finalizaba el ritual con tres copas de vino que acompañaban al canto de los salmos de «Hallel», (alabanza), de donde proviene la palabra Aleluya: Halelu (alabad) y Yah (abreviatura de Yahvé).
Con el pan ácimo de esta Cena, y con las copas de vino de los salmos de la Hallel, Jesús instituyó la
Eucaristía. En la Última Cena no se menciona el cordero porque Jesús ocupa su lugar: Él se ofrece como víctima en la cruz para la salvación del mundo.

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