21 de octubre de 2015

Soflamas, por José Miguel Núñez

Reflexión de José Miguel Núñez (@jmnunezsdb) en su blog Vivir de otra manera sobre el anticlericalismo que emerge en épocas de campaña electoral en ciertos partidos
Soflamas
- Por José Miguel Núñez
Vía: Vivir de otra manera, de Revista 21

Suenan los tambores de guerra con tufo anticlerical ante la inminencia de las próximas elecciones generales. El partido socialista, una vez más, agita la rancia bandera anti-eclesial que ha enarbolado desde siempre para soliviantar a las masas. Una agitación que piensan rentable en términos de votos cuando de movilizar a la izquierda más arcaica se trata.

No entro en el mérito de si clase de religión si o clase de religión no, esa cuestión daría para otra reflexión, sino en el tema más de fondo: la dichosa ideología moderna (en términos filosóficos) que sigue anclada en los postulados del diecinueve sin liberarse de los corsés culturales que la forjaron y que, a mi juicio, ha parado el reloj de la historia y del pensamiento contemporáneos.

Provengo de una familia republicana y de izquierdas y me siento muy orgulloso de ello. Mucho de lo que hoy soy y pienso se lo debo a mi educación familiar y he de afirmar, en honor a la verdad, que en lo personal me he sentido siempre profundamente respetado aunque mi pensamiento haya recorrido otros senderos. Dicho esto, sigo pensando que los prejuicios contra la Iglesia católica en España, quizás justificados por sonrojantes pecados de omisión en otra época, han quedado obsoletos y faltos de un análisis riguroso y honesto ante el posicionamiento de la comunidad cristiana en la realidad actual y su compromiso social con los más desfavorecidos.

La Iglesia contribuye al bien social y los cristianos somos ciudadanos de bien que nos esforzamos en hacer una realidad mejor a nuestro alrededor. ¿Por qué se empeña el partido socialista en negarnos nuestra condición de ciudadanos libres que puedan elegir el tipo de educación que quieran para sus hijos? ¿Por qué esta tozuda insistencia en recluirnos en las sacristías y sacarnos de la plaza pública? ¿Por qué la pertinaz insistencia en considerar a la Iglesia una institución amenazadora de las libertades? ¿Por qué la miopía ideológica que impide reconocer y valorar toda la aportación positiva de la Iglesia al bien común y su decisiva contribución en la batalla contra la pobreza y la exclusión?

Cualquier estado moderno y auténticamente democrático no puede confundir laicidad con pensamiento anti-religioso. Esa falta de rigor intelectual solo puede venir de la ignorancia o de un calculado prejuicio aprovechando el río revuelto de una campaña electoral. Nuestro estado...
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