Regalo del Rector Mayor a los asistentes del CR15 de Linares

Don Ángel Fernández, de mano de don José Pastor, envía un llavero acuñado para el Bicentenario

Consejo regional 2015 en Linares

Don José Pastor presenta una brillante ponencia sobre dirigentes.

De Triana a Trinidad... Celebrando el Bicentenario

Participa en la I Carrera Popular Don Bosco.

Llega una nueva temporada de La Pasión

Farándula Don Bosco estrenó la Cuaresma en el Gutiérrez de Alba de Alcalá de Guadaíra

Primeras imágenes del estreno de Cuatro Corazones

Éxito de público en el "reestreno" de Cuatro corazones con freno y marcha atrás

Gracias Don Bosco, el sueño se hizo realidad

El musical ¡Gracias, Don Bosco! se estrenó con gran éxito el 24/ene en el Riberas del Guadaira.

Luis Abad, mejor actor secundario en el Certamen UNESCO 2014

El papel de Francisco Sanmartín le ha valido un gran aplauso del público al recibir el premio.

Clase magistral de don José Miguel Núñez

Hay que conocer el contexto político, social y religioso de la época para entender al Santo educador

Conferencias del Bicentenario de nacimiento de Don Bosco

Mesa redonda: Educación salesiana, pasado y presente. Experiencia de vida

Caminando con Sor Ángela de la Cruz, por don Luis Cornello

La Asociación se quedó sin sitio para recibir a los asistentes a la presentación de su último libro.

De puertas hacia dentro...

Tres antiguos alumnos en el equipo de comunicación de la Casa de la Trinidad.

Celebrar el Bicentenario: Renovar el compromiso con los pobres

Así termina José Miguel Núñez, sdb, la noche formativa en la que nos habla del Bicentenario

Repetimos la excursión a Cazalla de la Sierra

Los de a pié dieron un bonito paseo mientras las bici llegaron al Cerro del Hierro

Como Don Bosco, ¡Con los jóvenes, para los jóvenes!

El Rector Mayor, don Ángel Fernández Artime, avanza el Aguinaldo 2015.

Nuestros Eduardos (SDB y Presidente) con el Rector Mayor

Eduardo Arellano (padre e hijo) en la inauguración de la nueva Inspectoría María Auxiliadora

Don Pascual Chávez visita la Trinidad tras el CG27

El IX sucesor de Don Bosco presidió los Oficios del Viernes Santo que animó nuestra Asociación

25 de abril de 2015

25/abr de 2015, Sábado 3º de Pascua

Tú tienes palabras de vida eterna
Muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen». Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie pude venir a mí, si el Padre no se lo concede».
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?»
Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios».
Juan 6, 60-69


Comentario (José Joaquín Gómez Palacios, sdb) Cafarnaún tendría, en tiempos de Jesús, unos 2.000 habitantes y contaba con una importante sinagoga. En ella se reunían los judíos los sábados para comentar y actualizar la Escritura. La arqueología ha descubierto las ruinas de esta gran Sinagoga que, en tiempos de Jesús, ya era muy importante.
Cien años después de la muerte de Jesús fue reconstruida con piedras blancas. Tenía una extensión de casi mil metros cuadrados. Esta sinagoga es citada en documentos antiguos por su belleza. Recibió el sobre nombre de «La Sinagoga Blanca», por el color de las piedras que formaban su exterior. A pesar de ello siempre conservó, (hasta nuestros días) sus cimientos hechos de piedra oscura de basalto. La planta y columnas de esta Sinagoga es una de las visitas obligadas de los peregrinos que se acercan a Tierra Santa.
En este escenario Jesús terminó diciendo algo muy simple, pero muy profundo: Que su persona era el verdadero alimento bajado del cielo, superior al alimento de los panes que él había multiplicado, y superior también al maná del desierto. Él era superior porque tenía capacidad de dar vida eterna.
¿Por qué esta propuesta de Jesús terminó siendo dura y escandalosa para los judíos.? Porque la entendieron al pie de la letra. Por eso Jesús pasó a explicarla: No se trataba de que comieran su carne física y humana, como si se tratara de un ritual caníbal; se trataba de participar en un signo que orientaba la vida total del cristiano.
Comulgar con Jesús no significa consumir la materialidad su carne y su sangre, sino estar unidos con todo el proyecto liberador que Él proclamó con su vida, muerte y resurrección.
La comunión con Cristo, y con la comunidad cristiana, transmite capacidad transformadora.
Quien se acerca a comulgar debe asumir que lo que da sentido a la vida es entregarse en la familia, en el trabajo, en la acción voluntaria, en el grupo de fe... en la clase y en el aula. En definitiva, ofrecer la propia vida para transformar la realidad, según ejemplo de Jesús.
La Eucaristía no es tan sólo una norma religiosa que hay que cumplir semanalmente. Seguir a Jesús afecta a nuestra forma de estar presentes en la común historia de la humanidad.
El educador que participa de la Eucaristía, debe vivir también en estrecha unión con aquellos chicos y chicas con quienes comparte la vida. Porque el proyecto de Jesús no se orienta tan sólo a celebrar determinados rituales religiosos, sino a hacer presente la vida y la salvación histórica que Él inició.

Detalles: Sinagoga de Cafarnaún

24 de abril de 2015

24/abr de 2015, Viernes 3º de Pascua

El que come mi carne, habita en mí
Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo:
«Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.
Juan 6, 52-59

Comentario (José Joaquín Gómez Palacios, sdb) En estos días estamos leyendo el capítulo 6º del evangelio de Juan. El desarrollo de este capítulo del Evangelio de Juan es un proceso gradual que va creciendo en interioridad teológica y en tensión: Del milagro de la “multiplicación de los panes” pasa al tema del “maná del desierto”. Del tema del “maná, al tema de “comer la carne y beber la sangre” de Jesús, causa final del rechazo de sus seguidores.
«Cuerpo y sangre» equivalía para el antiguo Israel a «la vida». La sangre era el símbolo más fuerte de la existencia. Por ese motivo los antiguos judíos tenían prohibido comer la sangre de los animales. La sangre era la vida... y ésta pertenece a Yahvé.
Cuando sacrificaban un animal, lo desangraban cuidadosamente a fin de no consumir su sangre.
Según la mentalidad judía «la expresión comer la carne y la sangre» supone una fuerte unión personal, no sólo física, sino también en espíritu, ideas y acción. Los cristianos de nuestro tiempo hemos «perdido» mucho tiempo cavilando cómo Jesús está presente en el pan y en el vino... ¡Qué poco tiempo hemos dedicado a adherirnos al proyecto de vida que nace de compartir la Eucaristía!
Tras la muerte y resurrección de Jesús los primeros cristianos comenzaron a repetir el gesto de la Última Cena: La Eucaristía. Cuando llevaban ya varias decenas de años repitiendo este gesto del Señor, el evangelio de Juan reflexiona sobre esta práctica ya extendida. Para aquellos primeros cristianos, el problema de la Eucaristía no radicaba en comprender de qué misteriosa forma Jesús podía estar presente en el pan y en el vino. El problema estaba en que muchos judíos no llegan a comprender el planteamiento fundamental de Jesús: El Jesús que ellos buscaban era un Jesús poderoso que pusiera en acción sus energías milagreras y les solucionara el problema del hambre. Jesús, por el contrario, buscaba personas que entendieran y se adhirieran a su proyecto de humildad, entrega y sencillez.
Para la realización de este proyecto era necesario pasar de la imagen de un Jesús poderoso a un Jesús que se entregaba como las víctimas de los sacrificios, ofreciendo su «carne y sangre».
Para el educador cristiano, creer en la Eucaristía no significa solamente aceptar que Jesús está presente en el pan y en el vino. Creer en la Eucaristía significa estar convencido que para transformar el mundo no hay que utilizar el dominio, el poder, la violencia, la ostentación, la competencia y la riqueza... sino el camino de Jesús: la cercanía a los más sencillos, el ofrecimiento y la entrega gratuita de las propias cualidades.

23 de abril de 2015

23/abr de 2015, Jueves 3º de Pascua

El que cree, tiene vida eterna
Dijo Jesús a la gente: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios». Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”.
Juan 6, 44-51

Comentario (José Joaquín Gómez Palacios, sdb) Una de las dificultades que presenta el evangelio de Juan es su terminología. Maneja conceptos que están cargados de intencionalidad teológica.
Cuando el evangelio de Juan habla de “pan del cielo” no se está refiriendo directamente a un pan enviado desde el cielo, sino al hecho histórico del maná del desierto, considerado como algo extraordinario, ya que los israelitas, al levantarse por la mañana, se encontraban con unos granitos blancos adheridos a los tamarindos del desierto; y, al no haberlos visto el día anterior, los consideraban como un regalo llovido o caído del cielo. Frente a este hecho podemos tomar tres actitudes:
La primera actitud es historicista: pensar que la falta de principios científicos que explicaran adecuadamente los fenómenos de la naturaleza, es lo que llevó a los judíos a interpretar como milagro un hecho natural. Si lo interpretamos así, el milagro en su dimensión externa desaparece y el relato corre el peligro de perder su contenido liberador interno, y caer en la trampa de ver el suceso del maná solamente como un fenómeno natural, sin ninguna significación de la presencia liberadora de Dios.
La actitud opuesta a la anterior es creer que el maná bajó literalmente del cielo. El argumento que ordinariamente se esgrime es que Dios es Dios y que para él no hay nada imposible. Esta actitud, muy frágil, por lo simplona y acrítica, obedece a una idea no histórica de Dios.
La tercera actitud se fundamenta en la forma que tenían los primeros cristianos de escribir. Frecuentemente realizaban «paralelismos». Y así como el antiguo pueblo de Israel comió en el desierto un alimento que fue la base de su sustento, así la Iglesia (nuevo pueblo de Dios) encuentra en la eucaristía el alimento que le sostiene y le ayuda a configurarse como pueblo de Dios.
El educador cristiano explica a niños y adolescentes el significado profundo de la eucaristía y les ayuda a participar de este sacramento que nos une a Cristo.

Tabgha
El texto de hoy hace referencia a la reflexión que Jesús hace tras haber multiplicado los panes y los peces. La acción transcurre en la orilla del Mar de Galilea.
Una sólida tradición cristiana sitúa este pasaje evangélico en un lugar llamado Tabgha.
El nombre griego del lugar es: Heptapegón, que significa «Siete manantiales». Es un lugar de gran belleza y verdor. Actualmente siguen fluyendo los siete manantiales.
(En la imagen inferior, uno de ellos) La peregrina Egeria, ya en el siglo IV, describió el paraje como muy bello y apacible.

22 de abril de 2015

22/abr de 2015, Miércoles 3º de Pascua

Proclamad el evangelio al mundo entero
Se apareció Jesús a los once y les dijo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean,  es acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, tomarán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».
Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.
Marcos 16, 15-20

Comentario (José Joaquín Gómez Palacios, sdb) Nos hallamos ante uno de los textos más problemáticos del Nuevo testamento. Se trata de un añadido posterior que pretende resumir y dar sentido al evangelio de Marcos.
Este texto que leemos hoy no se halla en el Códice Vaticano. Este Códice es un pergamino del año 350 que contiene los evangelios, escritos en lengua griega, tal como los conocemos hoy. Tampoco aparece en el Código Sinaítico, otro pergamino que fue escrito también hacia el año 350 y hallado en el Monasterio de Santa Catalina que se alza a los pies del Monte Sinaí.
Aunque se trata de un texto tardío, contiene enseñanzas interesantes para nuestra reflexión: Jesús se despide de los discípulos con un encargo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación". De ahora en adelante no deberán limitarse al pueblo judío, pues el mensaje es universal y mira a la humanidad entera. Ya no hay un pueblo elegido, sino que es toda la humanidad la elegida y destinada a experimentar la salvación de Dios. Ningún rincón de la tierra, ningún país, ningún grupo de personas estará excluido en principio del Reino, pues Jesús ha venido para que no haya excluidos del pueblo ni pueblos excluidos.
Es un mensaje que rompe con las visiones cerradas e integristas. Aquellos primeros cristianos ya habían comprendido que todas las culturas poseen “semillas” o elementos del evangelio, ya que todas están llenas de valores positivos.
Anunciar el evangelio frente a una cultura no es avasallarla, destruirla y desvirtuarla, sino descubrir los valores que el mismo Dios ha puesto en ellas. En este sentido, «evangelizar es entrar en diálogo» con las otras culturas.
Cuando estamos convencidos de que Dios se revela a todas las culturas, en todos los tiempos, entendemos las evangelización como un mutuo enriquecimiento: el evangelio comunica a la cultura novedad y claridad en sus contenidos de justicia, mientras la cultura le ofrece la fuerza de su propia tradición, la riqueza de sus propias búsquedas y la novedad de sus propias expresiones simbólicas.
Lo que se puede aplicar a todas las culturas del mundo, también debe ser aplicado a la «cultura juvenil». Cada generación de jóvenes posee su propia cultura. Como toda cultura, tiene aspectos positivos que contribuyen a mejorar el mundo y aspectos que deben ser iluminados por el Evangelio.
El educador creyente se siente llamado a proclamar la vida y salvación de Dios en medio de la cultura juvenil.
Proclamad el evangelio a toda la creación

21 de abril de 2015

21/abr de 2015, Martes 3º de Pascua

Yo soy el pan de la vida
Dijo la gente a Jesús: “¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti?
¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio a comer pan del cielo»”.
Jesús les replicó: “Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo”
Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan». Jesús les contestó: «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed».
Juan 6, 30-35

Comentario (José Joaquín Gómez Palacios, sdb) Para los judíos hubo un «pan del cielo» que comieron durante su estancia en el desierto: El maná. Este «pan» especial con el que se alimentaba el pueblo de Israel en su caminar por el desierto, forma parte de las imágenes de la religiosidad popular.
El maná tiene una explicación natural: Existe una especie de árbol en la península del Sinaí, conocido como «tamarix mannifera», en el que viven dos tipos de cochinilla que segregan gotas de un producto apto para la alimentación humana. Estas gotas son del tamaño de una lenteja pequeña. Las secreciones gotean por la corteza del árbol con el calor, y se endurecen con el fresco de la noche. En las primeras horas de la mañana tienen un color blanquecino, que más tarde se transforma en amarillo parduzco. Posee un sabor dulce como la miel. Y puede ser molido y triturado para hacer posteriormente tortas.
Su sabor era como el de torta amasada con aceite. Parece ser que su denominación proviene la palabra egipcia «man». En hebreo «maná» significa «¿qué es esto?»
Por estos motivos históricos, cuando los judíos hablaban de “pan del cielo” no entendían lo mismo que pretende decirles Jesús. De aquí la polémica que plantea el texto de hoy.
Jesús les había planteado, después del suceso de la multiplicación de los panes, la necesidad de creer en él, no por el alimento material que les había dado, sino por el alimento imperecedero que les ofrecía; reflejado simbólicamente en el pan y en los peces multiplicados.
Lo imperecedero de Jesús era la solidaridad, la capacidad de enfrentar y resolver los problemas dentro de unos parámetros que no fueran los del dinero. Jesús le invitaba a que descubrieran, tras el pan y los peces, otro «pan» que alimenta la conciencia y la libera.
El texto de hoy fue escrito originariamente para ofrecer una enseñanza a los cristianos de las primeras comunidades, que en su mayoría vivían todavía anclados en la antigua religión judía. La enseñanza a estas primeras comunidades cristianas era la siguiente: El «maná» que Moisés dio al antiguo pueblo de Dios, ha quedado como un recuerdo de la historia. Jesús, nuevo guía del nuevo pueblo de Dios (comunidades cristianas) ofrece una nuevo pan que es mejor y más profundo que aquel antiguo «maná» del desierto.
Nosotros, cristianos del siglo XXI también hallamos en este texto una enseñanza: Considerar a Jesús “pan del cielo” y objeto de comunión, no es tan sólo participar del pan y vino en la Eucaristía. Comulgar no es tan sólo cumplir con las exigencias de un antiguo ritual. Es, ante todo, asimilar el compromiso que Jesús propuso para la transformación de las personas y la sociedad.
El educador cristiano entrega a los chicos y chicas el pan de la cultura y de los valores cristianos. Si la alimentación es necesaria para el crecimiento físico de niños y jóvenes, también lo es la educación en valores y la cultura... Pero la cultura es algo vivo, dinámico y en constante evolución. El educador cristiano no ofrece el «pan de una cultura trasnochada», sino los valores emergentes de una cultura actualizada.

El maná
El pueblo de Israel se alimento con el «maná» durante su estancia en el desierto del Sinaí.
Este alimento es segregado por el tronco de un árbol del desierto llamado vulgarmente «tamarisco de maná».
Las secreciones tienen forma de grumos blancos. De sabor dulzarrón, pueden ser molidas y
convertidas en una especie de harina muy nutritiva.
Cuando el pueblo de Israel se asentó en Palestina y se hizo sedentario, se alimentó con pan de trigo y cebada.
Con el paso de los años el pan se convirtió en un símbolo sagrado. El pan fue considerado siempre como alimento enviado por Yahvé.
En el Templo se hallaban permanentemente los «Panes de la Proposición»; doce tortas de flor de harina (una por cada tribu), apiladas en dos montones de seis. Sobre ellas se quemaba incienso.
Eran renovadas cada sábado.
Jesús de Nazareth otorga al pan un simbolismo sagrado, ya conocido por el antiguo pueblo de Israel. Los evangelistas establecen un paralelismo entre el «maná» (pan bajado del cielo) y Jesús, que se ofrece como alimento en el pan de la Eucaristía.

Fotos: Arriba Maná. Abajo Desierto del Sinaí, Tamarix mannifera

20 de abril de 2015

113 años de historia

A través de las redes sociales nos felicitan por los 113 años de historia
Imagenes del día de la proclamación del Centenario de la nuestra Asociación de Sevilla-Trinidad en abril de 2002 en patio de Domingo Savio en el que contameos con el acompañamiento de los presidentes Regional, Nacional y Mundial, del Inspector y del Alcalde de Sevilla.

¡Felicidades a todos!

20/abr de 2015, Lunes 3º de Pascua

Trabajad por el alimento que perdura
Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago.
Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago notó que allí no había habido más que una lancha y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.
Entretanto, unas lanchas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan sobre el que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo has venido aquí?” Jesús les contestó: «Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios».
Ellos le preguntaron: «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?» Respondió Jesús: «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado».
Juan 6, 22-29

Comentario (José Joaquín Gómez Palacios, sdb) El episodio de «La multiplicación de los panes», y sus consecuencias, es uno de los pocos que aparecen simultáneamente en los cuatro Evangelios. Ello manifiesta la gran importancia que tuvo la multiplicación de los panes para la teología del Nuevo
Testamento.
La gente se pone a buscar a Jesús. Y Jesús, con plena lucidez, analiza las razones y los motivos de esta búsqueda. Y les dice una frase muy interesante: «Me buscáis no porque visteis signos, sino porque habéis comido pan hasta saciaros»
La esencia de un milagro está en el contenido liberador que provoca. No es lo exterior lo que define al milagro bíblico. Es posible que el acontecimiento externo nos admire y nos fascine, pero un hecho sobrenatural no es de por sí un milagro en el evangelio. El milagro del evangelio une siempre al acontecimiento externo, un significado profundo que ayuda a liberar el interior de la persona.
En la «multiplicación de los panes» el contenido interior del milagro no había sido el que la gente se saciara de pan y peces, sino este otro: Que el pueblo y sus discípulos entendieran que el dinero no es la única vía para resolver los problemas... que las dificultades hay que enfrentarlas comunitariamente y no sacudírselas de encima... y, sobre todo, que la solidaridad es la fuerza que una comunidad tiene para salir adelante, frente a todos los imposibles: hambre, enfermedad, paro y trabajo precario, injusticias, etc.
A Jesús le duele que lo busquen por lo externo del milagro.
Creer en Dios Padre y su enviado significaba no esperarlo todo de él en forma pasiva, sino comprometerse en unión con otros a cambiar la propia situación haciendo experiencias de fraternidad.
El signo de la multiplicación de los panes no se hizo para encerrar al grupo de creyentes en la comodidad de tener quien lo alimentara, sino para abrirlo a la solidaridad. Compartir lo que se tiene es lo que transforma la realidad desde el interior.
El educador cristiano no está llamado a hacer milagros en su aula o grupo. Toda su persona debe convertirse en «milagro» para los chicos y chicas. Es decir, está llamado a ser un signo positivo que oriente la vida de los jóvenes, les dé profundidad y les encamine hacia la libertad que Cristo inauguró con su muerte y resurrección.

Trabajad por el pan que perdura

19 de abril de 2015

19/abr de 2015, Domingo 3º de Pascua

Paz a vosotros
En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros.» Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo:
— «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:
— «¿Tenéis ahí algo que comer?»
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo:
— «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió:
— «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»
Lucas 24, 35-48

Comentario (José Joaquín Gómez Palacios, sdb) Los relatos de las apariciones de Jesús nos ponen en un dilema: Elegir entre una lectura literal que acentúa la historicidad de lo narrado, o elegir el carácter simbólico y teológico de los textos.
Aunque hubiera existido una cámara fotográfica, la resurrección no hubiera podido ser fotografiada. Jesús resucitado no es su cadáver reanimado y vuelto a la vida terrena. Es otra realidad perteneciente a unas categorías y unas dimensiones que se nos escapan totalmente. El hecho de la resurrección desbordó la experiencia de los primeros discípulos y recurrieron a varios relatos para intentar expresar aquello que nunca habían sentido ni percibido.
Confesar que Jesús ha resucitado, no es hablar de algo que tan sólo le afecta a Él. La resurrección no es sólo un acontecimiento ligado a Jesús. Es también un suceso ligado a sus discípulos y a la comunidad de quienes creen en el Resucitado. La fe en la resurrección modificó completamente su futuro y dio otro sentido a su vida presente.
A partir de este momento, quien confiese creer en Jesús resucitado va a ser perseguido. (Así lo narra el libro de los Hechos de los Apóstoles que cuentan la vida de estas primeras comunidades)
Esta es una de las pruebas más claras de la repercusión social que tiene la fe en Jesús crucificado y resucitado. Creer en él significaba y significa destronar los dioses que le han dado la razón al poder egoísta que no comparte, sino que explota al de abajo, causándole dolor y muerte. Creer en la resurrección de Jesús es estar convencido de que Dios le ha quitado la razón a los injustos, para dársela a los pobres y excluidos.
Es necesario purificar el lenguaje sobre la resurrección:
La fácil «fe del carbonero», que se queda en aquellas imágenes de las láminas de los libros de religión, es ineficaz para dar un testimonio válido y creíble ante el mundo moderno (el mundo crítico de la ilustración, de la modernidad y de la posmodernidad). Conviene que salgamos de los cerrados muros del entorno cristiano, donde cualquier lenguaje puede pasar sin crítica, y entremos en el mundo de la calle, de la opinión pública, de las inquietudes de la persona actual que ha perdido la ingenuidad y ya no es capaz de creer una resurrección que le parecería demasiado fácil. Hemos de esforzarnos por «creer de otra manera».


18 de abril de 2015

Regalo de la Asociación de Linares

La Asociación de Linares ha preparado este video para los participantes del Consejo que os dejamos es esta entrada.

Gracias por vuestra acogida.

Consejo Regional 2015 en Linares

Desde las diez de la mañana del sábado 18 de abril participamos en el Consejo Regional 2015 de la Federación Regional de la zona Sur de España (Andalucía, Extremadura y Canarias) que se celebra en Linares

Con la asistencia de varias Asociaciones de nuestra Federación Regional da comienzo en Linares el Consejo Region de nuestra Federación de antiguos Alumnos que con motivo de los 50 años de presencia salesiana, se celebra en Linares.

Tras los saludos de los representantes regionales de los grupos de la FS, del director titular y la directora del colegio llegan las palabras de don Juan Domingo del Rio, Pte. Local; don Fernando Núñez, Pte. Nacional; don Luis Fernando Álvarez, Delegado Nacional, don José Pastor Ramírez, Delegado Mundial, don Alejandro Guevara, Delegado Inspectorial para la zona Sur y don Pedro Cantos Pte. Regional.

Saludos y palabras de agradecimmiento para la Asociación de Linares por la acogida dieron paso a una  brillante, rica y comprometedora ponencia de don José Pastor (que hemos subido a twitter) sobre el concepto de buenos dirigentes que no dejó indiferentes a ninguno.

Tras la ponencia, un turno de intervenciones que enriqueció la ponencia con diferentes aportaciones. Al terminar don Pedro Cantos hace entrega de un regalo al ponente y éste nos trae a su vez un regalo del Rector Mayor con motivo del bicentenario.

Aquí os dejamos algunas imágenes...

18/abr de 2015, Sábado 2º de Pascua

Soy yo, no temáis
Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al lago, embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando.
Habían remado unos cinco o seis kilómetros, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el lago, y se asustaron.
Pero él les dijo: «Soy yo, no temáis». Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.
Juan 6, 16-21

Comentario (José Joaquín Gómez Palacios, sdb) Como una consecuencia de la multiplicación de los panes, el pueblo quiere proclamar a Jesús como rey y Mesías. Acaban de ver en Él a la persona que puede librarles de las miserias y dominaciones que padece el pueblo de Israel. Pero Jesús huye y se retira en soledad a la montaña. Su estilo no es el de un Mesías dominador y poderoso.
Los discípulos abandonan al Maestro. Tal vez ellos preferían a un Jesús dominador, cargado de fuerza y poder, y no a un Jesús animador de la solidaridad y la fraternidad.
Y se embarcaron mar adentro, sin importarles dónde estaba Jesús.
De esta forma el evangelista crea dos escenarios geográficos distintos y cargados de diverso significado:
  • Jesús está en la montaña; lugar de la presencia de Dios; lugar de humildad, oración, sencillez y preparación para el tiempo nuevo.
  • Los apóstoles se hallan en un mar oscuro, lleno de tinieblas y olas encrespadas; símbolo de los poderes del mal. Los discípulos, huyendo del proyecto de Jesús, navegan en medio de tinieblas y sobre un mar picado, signo de las fuerzas negativas.
Cuando los discípulos se tropiezan con Jesús caminando sobre las aguas, se quedan sorprendidos y espantados. En primer lugar porque, según afirmaba la escritura en el libro de Job, «tan sólo Dios puede caminar sobre el dorso del mar». Pero su asombro se hace más grande cuando Jesús les dice: «Soy yo, no temáis». La expresión «soy yo», en la versión griega de la Biblia, se traduce por «Ego eimí», y se utiliza tan sólo para definir a Dios. Más concretamente para definir al Dios que ha decidido liberar a los esclavos hebreos que son explotados en las tierras bajas del país del Nilo.
Jesús, con el gesto de «ir a la montaña» y «caminar sobre las aguas» está anunciando a sus discípulos que el camino de Dios es la sencillez, la humildad y la propia entrega.
La tormenta se calma; cosa normal en el Mar de Galilea, que se halla hundido a 209 metros bajo el nivel del Mediterráneo. Ciertos vientos dominantes del Mediterráneo, se encajonan violentamente y provocan tempestades que levantan olas de hasta dos metros de altura. Estas bruscas tempestades no duraban más de media hora, pero eran suficientes para hacer zozobrar a las pequeñas embarcaciones pesqueras del siglo I.


Tempestad en el Mar de Galilea
El Mar de Galilea fue testigo de la mayor parte de la vida pública de Jesús.
Se trata de un lago situado en una fosa tectónica. La superficie de las aguas de este pequeño Mar interior se hallan a 209 metros bajo el nivel del mar. Esta situación provoca frecuentes tempestades con olas de hasta dos metros de altura.
El lago mide 22 Km. de largo por 13 de ancho (similar a la Albufera de Valencia) Las barcas utilizadas en tiempos de Jesús medían alrededor de 8 metros de longitud por 2’5 de anchura.
Cuando el viento era favorable, extendían su vela rectangular. Ocasionalmente eran impulsadas a remo.

17 de abril de 2015

Huesped de excepción en la Casa

El jueves 16 de abril, visitó la Casa de la Trinidad D. Francesco Cereda, Vicario del Rector Mayor. Tuvo la oportunidad de saludar a los alumnos de ESO en nuestra Basílica de María Auxiliadora.

La Casa de la Trinidad ha tenido un huesped de excepción: D. Francesco Cereda, Vicario del Rector Mayor. De visita en Sevilla con motivo de la imposición de las becas de honor en el Colegio Mayor San Juan Bosco, don Francesco aprovechó su vista para saludar a los alumnos de la ESO a los que dirigió un mensaje de buenos días.

En ella les comentó la presencia de los salesianos en todo el mundo y la gran misión que se desarrollan en más de 132 paises entre los mensajes pidiéndoles juntos por el Rector Mayor y por todas las intenciones de la Congregación en la celebración del bicentenario del nacimiento de Don Bosco.

Vía: Web de la Casa de la Trinidad

17/abr de 2015, Viernes 2º de Pascua

Multiplicación de los panes
Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacia con los enfermos.
Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: “¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?” Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.
Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».
Uno de sus discípulos Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces, pero, ¿qué es eso para tantos?»
Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo» Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los pedazos que han sobrado, que nada se desperdicie». Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido.
La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: «Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo». Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.
Juan 6, 1-15

Comentario (José Joaquín Gómez Palacios, sdb) Los milagros del evangelio no son narrados como hechos sobrenaturales, (eran hechos habituales en la cultura griega, judía y egipcia de aquellos tiempos), sino como signos de un cambio profundo.
El contenido liberador del milagro de la multiplicación de los panes fue la transformación interior que Jesús obró en quienes ofrecieron lo que tenían: cinco panes de cebada y dos peces en salazón. Cuando una comunidad cristiana comparte lo que tiene, se produce el milagro de la solidaridad.
Muchos estudiosos bíblicos consideran este relato como un paralelismo entre Jesús y el Buen Pastor, del que dice el salmo 23/22: «El Señor es mi Pastor, nada me faltará. Él me hará descansar sobre verdes prados»
El texto acentúa la idea de que Jesús es el Buen Pastor anunciado Ezequiel de forma magistral en el capítulo 34 de su libro. El texto del evangelio subraya que «había mucha hierba en aquel sitio», en estrecho paralelismo con el lugar hacia el que conduce el Buen Pastor al rebaño: «me hará descansar en verdes prados»
El texto también es una clara referencia a la Eucaristía: El evangelio de Juan no cita las palabras de Jesús sobre el pan y el vino en la Última Cena, pero pone el texto de la «multiplicación de los panes» para que las primeras comunidades reflexionen sobre la Eucaristía que ya celebraban con asiduidad.
Hay otra frase que complementa lo anterior: “Doscientos denarios no alcanzarían para dar a cada uno un pedazo de pan”. Representa la actitud negativa de quienes creen que ante los problemas no se puede hacer nada... que existen dificultades insalvables... que la fe en Jesús no está para solucionar problemas tan materiales... Jesús quería corregir en sus discípulos un seguimiento y una fe sin repercusiones y sin compromiso en la vida diaria.
En nuestro tiempo de globalización económica, la brecha entre el Norte y el Sur se abre cada vez más. Se ha generado un abismo insalvable entre las sociedades desarrolladas y los miles de millones de personas excluidas de la riqueza mundial.
La crisis económica hace mella también entre los más débiles de las sociedades desarrolladas. No es legítimo un cristianismo que se desentienda de los problemas de los más pobres.
El educador cristiano enseña a los chicos y chicas, en su tarea habitual de cada día, a realizar el milagro cotidiano de la solidaridad. En primer lugar en el interior de su clase, facilitando gestos y acciones que eduquen para la fraternidad. En segundo lugar, abriéndoles a la mundialidad e inculcando aquellos valores que construyen una historia solidaria.

Tabgha. Multiplicación de panes y peces
Tabgha, el sitio donde la tradición sitúa la multiplicación de los panes y los peces, se encuentra cerca de la orilla noreste del Mar de Galilea, a 2,5 kms. al sur de Cafarnaún.
El nombre "Tabgha" es una contracción en árabe de la palabra griega Heptapegon (el lugar de los siete manantiales).
Algunos manantiales fluyen todavía en esta zona.
La peregrina Egeria, que visitara el lugar en el año 383, menciona un prado lleno de verdor en el que se decía, ya entonces, que Jesús alimentó a la multitud con cinco panes y dos peces.
Esta peregrina gallega menciona un edificio religioso; una ermita levantada sobre la piedra en la que Jesús colocó el pan para dividirlo y repartirlo entre la gente.

Mosaico que recuerda el milagro. Siglo IV.

16 de abril de 2015

16/abr de 2015, Jueves 2º de Pascua

El que cree en él tiene vida eterna
Juan Bautista decía: «El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios.
El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él»
Juan 3, 31-36

Comentario (José Joaquín Gómez Palacios, sdb) El texto de hoy hace referencia a palabras pronunciadas por Juan Bautista. Pero el Juan Bautista que aparece aquí reflexionando no es aquel que anunciaba la llegada inminente del Reino de Dios.
Cualquier cristiano nota la gran diferencia entre la predicación del Juan Bautista que nos pintaba el evangelio de Lucas durante el Adviento y la del Juan Bautista que nos presenta el evangelio de Juan.
El primero es fogoso, práctico, concreto, como un hombre que se enfrenta a las injusticias de las estructuras (Lc 3,1-20). Así le veíamos durante el mes de diciembre, en el Adviento. Viéndole tan entregado es fácil comprender que murió a manos de Herodes Antipas en la fortaleza de Maqueronte por denunciar su vida llena de injusticias.
Al Juan Bautista del Evangelio de Juan lo vemos calmado, reflexivo, sugerente, como un teólogo que trata de darnos una enseñanza sobre el Dios que orientó la vida y misión de Jesús.
Quien está hablando no es alguien que conoce a Jesús con ojos terrenales. Es alguien que ya se ha adentrado en el misterio de Jesús resucitado. Por eso, no es el Juan Bautista del Jordán el que realmente habla, sino la comunidad del Resucitado que pone en boca del Bautista las grandes conclusiones a las que llegaron aquellos cristianos después de que Jesús superó las ataduras de la muerte. Una de estas grandes conclusiones es la siguiente: La fe en Jesús resucitado es un gran acto de fe que engloba pequeños actos de fe.
Creer en Jesús resucitado, supone creer también:
  • que la vida brota de la entrega...
  • que Jesús ha abierto el camino para que el bien y la esperanza triunfen...
  • anunciar vida y hacer que ésta se palpe en la historia.
No se puede afirmar la fe en la resurrección y andar diciendo por ahí, con lamento pesimista, que este mundo va cada vez peor y que la persona humana no tiene solución ni arreglo... No se puede creer que Dios dio una vida nueva a Jesús crucificado, y acto seguido eludir un serio compromiso para que tengan vida todos los «crucificados» de la historia...
El educador cristiano no sólo cree y enseña que Jesús ha resucitado, sino que aplica esta fe a su compromiso educativo: Confía en cada uno de los niños y jóvenes, cree en su crecimiento positivo más allá de dificultades ambientales y sociales, no da por perdidos a esos niños y adolescentes que presentan problemas, diciendo que «son carne de cañón»... El educador cristiano halla sentido a su actividad asumiendo un serio compromiso por «los pequeños crucificados en la escuela».

La fortaleza de Maqueronte
Juan Bautista fue un valiente profeta que no dudó en denunciar la vida llena de injusticias del rey
Herodes Antipas.
Por esta causa fue encarcelado en la fortaleza de Maqueronte, cercana al Mar Muerto; lugar en el que el rey celebraba fiestas y banquetes.
En una de estas fiestas tuvo lugar el baile de la joven Salomé, hija de Herodías. La danza gustó tanto al rey que prometió cualquier regalo. La madre de la joven pidió la cabeza del Bautista.

Camino hacia la fortaleza de Maqueronte
Mar Muerto desde Maqueronte
Techo de la sala de baños

15 de abril de 2015

15/abr de 2015, Miércoles 2º de Pascua

Dios mandó su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya esta juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.
Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios»
Juan 3, 16-21

Comentario (José Joaquín Gómez Palacios, sdb) Nicodemo es un doctor de la Ley que admira a Jesús. Acude a Jesús por la noche porque teme a sus colegas los Maestros de la Ley, y porque tal vez espera que Jesús le revele algún misterioso secreto. Y Jesús le va a revelar tres símbolos comprensibles para un Doctor de la Ley.
Primero: La serpiente del desierto (Num 21, 4-9).
Segundo: El Padre que entrega al Hijo.
Tercero: La luz que vence la tiniebla.
La serpiente del desierto
Este primer símbolo está tomado de la cultura oriental. Los médicos antiguos llevaban un bastón, de metal o de madera, que tenía grabada la figura de una serpiente, símbolo de la vida y de poderes curativos. El Antiguo Testamento narra cómo Moisés utilizó este símbolo: Levantó una serpiente de bronce sobre un poste de madera para curar al pueblo descarriado. Las primeras comunidades vieron en la imagen de Jesús levantado en una cruz de madera, algo parecido a lo que hizo Moisés. Porque Jesús, siendo levantado en la cruz, trajo la curación y la salvación al nuevo pueblo.
Dios Padre entrega a su hijo Jesús
El segundo símbolo nos presenta a Dios como un Padre generoso que ama tanto la humanidad que no duda en entregar a su propio Hijo. Este símbolo le debió resultar difícil de entender a Nicodemo, que como buen maestro de la Ley esperaba que el Mesías se manifestara entre cataclismos celestes y signos de poder. Jesús se manifiesta en su amor por todas las personas, en su servicio al pobre, en su aprecio por los excluidos; en todo aquello que es débil, frágil y sin importancia para quienes ambicionan el poder.
La luz y las tinieblas
El símbolo de la luz que vence la tiniebla es típico en el Evangelio de Juan, porque sus comunidades estaban sumergidas en una cultura filosófica que entendía el mundo y la historia como una lucha entre el bien y el mal; entre la luz y las tinieblas. Por eso dirá en multitud de ocasiones que Jesús es la Luz que vence a las tinieblas, es decir, al dolor, la muerte, la soledad.
Los tres símbolos nos ayudan a comprender que la misión de Jesús consiste en trasformar situaciones de muerte en esperanza de vida.
El educador cristiano es «elevado» frente a los chicos y chicas para darles motivos de vida y esperanza. Y lo hace con la actitud de Jesús: ofreciéndose y entregándose, apreciando a los más débiles y necesitados. El educador cristiano se convierte en «luz» que ilumina el camino de los muchachos y muchachas. No sólo enseña conceptos, sino que guía el crecimiento, propone valores y forma con una educación integral.

La serpiente de bronce, antiquísimo símbolo de salud y curación

14 de abril de 2015

14/abr de 2015, Martes 2º de Pascua

Tenéis que nacer de nuevo
Dijo Jesús a Nicodemo: «Tenéis que nacer de nuevo, el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».
Nicodemo le preguntó: “¿Cómo puede suceder eso?”
Le contestó Jesús: “Y tú, el maestro de Israel, ¿no lo entiendes? Te lo aseguro, de lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo? Porque nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna”.
Juan 3, 7-15

Comentario (José Joaquín Gómez Palacios, sdb) Nicodemo era un notable fariseo, miembro del Sanedrín. Su nombre griego significa: «Victoria del pueblo»
La figura de Nicodemo aparece en repetidas ocasiones en el evangelio. Era miembro del Sanedrín. Sin embargo existen códices tardíos en los que es incluido como discípulo de Jesús. Gozaba de prestigio entre sus colegas, lo que le permitió acercarse a Jesús y escuchar directamente su doctrina. Incluso hay autores que le sitúan claramente entre los discípulos de Jesús.
Se comprometió con Jesús de Nazareth no sólo aceptando sus enseñanzas, sino también llevando mirra y áloe para ungir su cadáver, comprometiendo de esta forma su buena posición ante un Sanedrín que había condenado a Jesús.
En el relato de hoy, Nicodemo se muestra tardo a comprender. Parece que no entienda nada de lo que Jesús le está diciendo. Se trata de una ignorancia literaria. Esta ignorancia lo que busca es dar pie al evangelista para expresar lo que piensa sobre el nuevo nacimiento que supone el bautismo, práctica ya extendida entre las primeras comunidades.
El hecho de que Nicodemo aparezca hasta por tres veces en el evangelio de Juan es entendida por algunos autores como la siguiente afirmación: Hasta los miembros del Gran Consejo, incluidos los fariseos, pueden convertirse en discípulos de Jesús si aceptar su mensaje.
Las objeciones que presenta Nicodemo nos hacen suponer que nos hallamos ante un texto catequético, destinado a enseñar a los primeros cristianos una serie de reflexiones sobre la fe.
Esta catequesis, presentada como si fuera una entrevista entre Jesús y aquel fariseo doctor de la ley, se resume en cuatro puntos fundamentales:
  • Nadie puede entrar en el Reino de Dios sin «renacer»
  • La iniciación cristiana no es solamente un bautismo en agua, sino también en el Espíritu.
  • La salvación la ha logrado Jesús de Nazareth al morir (ser elevado) en la Cruz.
  • La fe en Jesús es imprescindible para ser cristiano.

Levantar la serpiente
Para quienes no dominamos las figuras y elementos del Antiguo Testamento, la inclusión de la frase: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna», nos resulta extraña y enigmática.
Esta frase está tomada de un hecho ocurrido durante el camino que el pueblo de Israel realizó por el desierto, una vez que hubo adquirido su libertad.
Unas serpientes «abrasadoras» cuyas picaduras causaban fiebres altas, atacan al pueblo. Moisés construye una serpiente de bronce y la coloca en un madero, para que quede elevada. Quienes miraban esta serpiente, quedaban curados. En la antigüedad la fabricación de un objeto que representara el mal o la dolencia, pasaba por ser un remedio mágico para deshacerse de él.
La acción transcurre en la región desértica de Punón donde desde el Neolítico se hallaban las famosas minas de cobre de Feinán. (ver imágenes) El evangelio de Juan establece un paralelismo entre esta Serpiente de Bronce y Jesús de Nazareth: Así como la serpiente levantada en un madero supuso el fin de las dolencias del pueblo, Jesús de Nazareth, elevado en la Cruz ha traído la salvación al nuevo pueblo de Dios.

Imágenes: Feinan. Neolítico. Minas de cobre para obtener bronce

13 de abril de 2015

Semana del 13/abr-19/abr

Esta semana la dedicaremos al montaje de la Caseta de Feria y algunos de nuestros directivos nos representarán en el Consejo Regional que se celebra en Linares durante el fin de semana
  • Mar 14/abr
    • 18:00 h - Preparación de enseres de Caseta de Feria, Asociación.
    • 18:00 h - Taller de labores, Asociación.
    • 20:00 h - Comienza la venta de invitaciones Caseta de Feria y Pescaito, Asociación.
  • Mié 15/abr
    • 17:30 h - Trasporte de enseres al recinto ferial, Asociación y Real de la Feria.
  • Jue 16/abr. Montaje Caseta de Feria (todo el día)
    • 10:00 h - Montaje Caseta de Feria, Real de la Feria.
  • Vie 17/abr. Montaje Caseta de Feria (todo el día)
    • 10:00 h - Montaje Caseta de Feria, Real de la Feria.
  • Sáb 18/abr. Consejo Regional, Regiobosco y Encuentro Regional de Jóvenes en Linares
    • 10:00 h - Montaje Caseta de Feria, Real de la Feria.
  • Dom 19/abr. Tercer Domingo de Pascua. Consejo Regional, Regiobosco y Encuentro Regional de Jóvenes en Linares
Seguid atentos al calendario que tenemos en constante actualización.

Fernando J. Claros,
Comunicación en Información

13/abr de 2015, Lunes 2º de Pascua

Nacer de agua y de Espíritu
Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. Éste fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que haces si Dios no está con él».
Jesús le contestó: «Te lo aseguro quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».
Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?
Jesús le contestó: «Te lo aseguro, el que no nazca de agua y Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu.
No te extrañe de que te haya dicho: «Tenéis que nacer de nuevo»; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».
Juan 3,1-8

Comentario (José Joaquín Gómez Palacios, sdb) La figura de Nicodemo aparece en repetidas ocasiones en el evangelio. Era miembro del Sanedrín. Sin embargo existen códices tardíos en los que es incluido como discípulo de Jesús. Gozaba de prestigio entre sus colegas, lo que le permitió acercarse a Jesús y escuchar directamente su doctrina. Incluso hay autores que le sitúan claramente entre los discípulos de Jesús.
Se comprometió con Jesús de Nazareth no sólo aceptando sus enseñanzas, sino también llevando mirra y áloe para ungir su cadáver, comprometiendo de esta forma su buena posición ante un Sanedrín que había condenado a Jesús. Su nombre significa «victoria del pueblo»
En el relato de hoy, Nicodemo se muestra tardo a comprender. Parece que no entienda nada de lo que Jesús le está diciendo. Se trata de una «ignorancia literaria». Esta ignorancia lo que busca es dar pie al evangelista para expresar lo que piensa sobre el nuevo nacimiento que supone el bautismo, práctica ya extendida entre las primeras comunidades.
El hecho de que Nicodemo aparezca hasta por tres veces en el evangelio de Juan es entendida por algunos autores como la siguiente afirmación: Hasta los miembros del Gran Consejo, incluidos los fariseos, pueden convertirse en discípulos de Jesús y aceptar su mensaje.

Nacer del agua y del Espíritu
Los primeros cristianos comenzaron a practicar el bautismo desde sus orígenes. La palabra bautismo hunde sus raíces en el verbo griego «baptizein» que significa ‘sumergir’.
Ya los profetas del Antiguo Testamento decían: «Lavaos, purificaos, quitad de mi vista vuestras malas acciones...» «Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados...» La purificación ritual con agua era habitual.
Juan Bautista practicó este ritual como signo de conversión y arrepentimiento. Jesús de Nazareth fue discípulo de Juan Bautista y recibió de sus manos el bautismo de conversión en río Jordán.
Los primeros cristianos practicaban este ritual como «paso a través del agua». Pasar a través del agua significaba unirse a Jesús y pasar simbólicamente con Él, de la muerte a la vida; de la cruz a la resurrección. Por este motivo utilizaban unos pequeños estanques de agua en forma de cruz (Ver imagen). El bautizado se sumergía en el agua descendiendo desnudo por unas pequeñas escaleras. Emergía por el lado contrario. Allí era revestido con una vestidura blanca. Se hallan estanques (batispterios) en aquellos lugares donde hubo comunidad cristiana primitiva.

12 de abril de 2015

12/abr de 2015, Domingo 2º de Pascua

Tomás, no seas incrédulo, sino creyente
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidas». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos.
Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
Juan 20,19-31

Comentario (José Joaquín Gómez Palacios, sdb) Los relatos evangélicos referidos a las apariciones de Jesús resucitado no se cansan de repetir que las relaciones entre Jesús y sus discípulos no terminaron con la muerte del Maestro.
El acontecimiento de la resurrección cambió todo lo ocurrido hasta entonces entre Jesús y su comunidad. El Jesús traicionado, derrotado, ajusticiado y abandonado por sus discípulos, pasa a ser el Señor Resucitado que congrega de nuevo a su comunidad.
Y el grupo de seguidores, antes egoístas e interesados en un poder político, ahora tienen como norte la igualdad, la fraternidad y la solidaridad.
Todo esto se encarna en Tomás, uno de los discípulos de Jesús al que tan sólo se cita en las listas de apóstoles. Sin embargo, el gesto que de él relata hoy el evangelio, le convierte en un símbolo que trasciende tiempos y lugares.
Tomás parece ser que no formaba parte del grupo de pescadores. Debió tener otro oficio. El nombre de Tomás es arameo, pero siempre se cita con su traducción griega, «Dídimo» (Mellizo). Este dato nos indica que probablemente poseía una formación griega, lo que le haría más dado a reflexionar desde la lógica y el racionalismo que caracterizó al pensamiento helenístico.
Por las veces que aparece en el evangelio de Juan, gozaba de un cierto prestigio en el grupo de discípulos por su actitud realista y por la cautela en no aceptar sin más las afirmaciones.
Jesús le tenía en gran estima, puesto que le dedica una aparición en exclusiva a él, mostrándolo como símbolo de lo que podía ocurrir con muchos cristianos de épocas posteriores.
Es muy interesante la expresión que dice Tomás para reconocer a Jesús como Señor Resucitado: «¡Señor mío y Dios mío!» Esta expresión nos ha llegado cargada de resonancias religiosas. Es fácil entender que, tras introducir los dedos en las llagas de las manos y en las heridas del costado, Tomás se convence de que Jesús en persona ha resucitado.
Sin embargo esta expresión cumple también una segunda misión: La de afirmar que el único Señor es Jesús. Y esto es así por la frase puesta en labios de Tomás, es la misma frase con la que quería ser saludado y reconocido el Emperador de Roma, atribuyéndose rasgos divinos. Los primeros cristianos, al poner esta frase están reivindicando que el único Señor es Jesús resucitado... y no el emperador.
La tradición dice que este apóstol extendió el evangelio en Oriente, concretamente en Madrás (India), donde ya existían comunidades cristianas hacia el siglo II.
La redacción del evangelio trasciende la figura concreta de Tomás... Tomás está ahí para que el evangelista subraye una frase importante dicha para el futuro: «Dichosos los que crean sin haber visto».
Esta frase es una nueva «bienaventuranza» para todos aquellos cristianos que no habían conocido Jesús de Nazareth, y sin embargo creían en él.


Dichosos los que crean sin haber visto

11 de abril de 2015

11/abr de 2015, Sábado de la Octava de Pascua

Id y predicad el Evangelio
Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios.
Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.
Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca.
También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”.
Marcos 16, 9-15

Comentario (José Joaquín Gómez Palacios, sdb) Los códices más antiguos del evangelio de Marcos no contienen el texto que hemos leído hoy. Este texto es un añadido, bastante tardío, que realizan las primeras comunidades cristianas para expresar la dificultad que tenían en creer.
Aquellos primeros cristianos que insertaron este texto eran sabios: No presentan una fe que se impone súbitamente, mediante una conversión de la noche a la mañana, o como un chaparrón que descarga muchos litros de agua de golpe... Presentan la fe como un proceso; como lluvia fina que cala poco a poco.
Este texto muestra claramente la falta de fe de muchos cristianos, representados por aquella primera comunidad a la que le cuesta adherirse a la fe: Los discípulos no creyeron a María Magdalena, ni tampoco a los compañeros de Emaús. Y Jesús terminó, en una tercera aparición, por echarles a la cara personalmente su falta de fe.
La lección de todo esto es clara: La fe es un proceso y un camino que se desarrolla progresivamente. Al final está Jesús.
El educador cristiano cuida para que la educación en la fe sea un camino progresivo.
Si la gradualidad y flexibilidad son necesarias en cualquier proceso educativo, con mayor razón deben presidir la educación en la fe.
Vivimos tiempos en los que muchos chicos y chicas acceden a la educación en la fe sin una base previa. Se afirma que estamos sumergidos en una «infancia pagana» que en la mayoría de casos nunca ha sido evangelizada.
El educador cristiano acoge a cada uno teniendo en cuenta la situación en la que se halla. Algunos chicos y chicas habrán tenido en su familia una sólida formación religiosa, mientras que otros carecen de esta base previa. El educador es flexible; se adapta a sus destinatarios. Y marca procesos graduales a través de los cuales los muchachos y muchachas comiencen por sentir y experimentar la fe cristiana.

María Magdalena
María Magdalena era natural de una pequeña población ribereña del Mar de Galilea (Magdala) de donde recibe el nombre. Ocupa un lugar importante en los relatos de la Pasión y Resurrección de Jesús. El evangelio de Mateo y Marcos la mencionan como una de las mujeres venidas de Galilea siguiendo a Jesús.
Ocupa un lugar privilegiado, junto con María la Madre de Jesús, en la crucifixión, hallándose junto a la cruz. Está también presente en los relatos de la resurrección, siendo la primera persona que vivió la resurrección. Ella fue la encargada de anunciar la resurrección de Jesús a los demás discípulos.
En ella se vislumbra que la resurrección no es sólo una evidencia física, sino también una experiencia interior. De su vivencia se desprende que a Jesús Resucitado no se le reconoce sólo con los ojos físicos, sino mediante una experiencia de fe personal y comunitaria; mediante compromiso en su seguimiento.

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