20 de marzo de 2012

Madre solo hay una

Interesante historia sobre la vuelta de Don Bosco a Valdocco tras la recuperación de su enfermedad en casa de su hermano y de cómo le sigue su madre, que nos encontramos en Rumbo al 2015 (ISMA), blog de la Inspectoría Salesiana María Auxiliadora (ISMA).
Estando en una ciudad costera como La Línea, y con el invierno más cálido y seco de los últimos años, no es de extrañar que a una semana de la llegada del primum ver ya se vean por las calles de nuestra ciudad ropas más coloreadas incluso que durante el invierno, camisas arremangadas, e incluso algún que otro pantalón “pirata”. El buen tiempo asoma alegre por estas latitudes, y con él empiezan a alejarse constipados, gripes y demás indisposiciones típicamente invernales. Vendrán alergias y urticarias, pero eso es harina de otro costal...

Pues bien, de enfermedades va nuestra entrega de hoy. Precisamente, habíamos dejado el domingo pasado a Don Bosco con una grave afección pulmonar, que a punto estuvo de llevarlo a la tumba. Corrían los primeros días de julio –el verano turinés es seco y bien cálido– cuando Don Bosco recobraba la salud, y se ponía en camino hacia la casa del hermano José. Su campesina testarudez había cedido ante las presiones de sus bienhechores y colaboradores, si bien dejará escrito años más tarde, recapacitando sobre estos meses de su vida, que “durante veintisiete años no necesité ni médicos ni medicinas. He llegado a pensar, por ello, que no es el trabajo el que daña la salud corporal.” Genio y figura…

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