23 de abril de 2015

23/abr de 2015, Jueves 3º de Pascua

El que cree, tiene vida eterna
Dijo Jesús a la gente: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios». Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”.
Juan 6, 44-51

Comentario (José Joaquín Gómez Palacios, sdb) Una de las dificultades que presenta el evangelio de Juan es su terminología. Maneja conceptos que están cargados de intencionalidad teológica.
Cuando el evangelio de Juan habla de “pan del cielo” no se está refiriendo directamente a un pan enviado desde el cielo, sino al hecho histórico del maná del desierto, considerado como algo extraordinario, ya que los israelitas, al levantarse por la mañana, se encontraban con unos granitos blancos adheridos a los tamarindos del desierto; y, al no haberlos visto el día anterior, los consideraban como un regalo llovido o caído del cielo. Frente a este hecho podemos tomar tres actitudes:
La primera actitud es historicista: pensar que la falta de principios científicos que explicaran adecuadamente los fenómenos de la naturaleza, es lo que llevó a los judíos a interpretar como milagro un hecho natural. Si lo interpretamos así, el milagro en su dimensión externa desaparece y el relato corre el peligro de perder su contenido liberador interno, y caer en la trampa de ver el suceso del maná solamente como un fenómeno natural, sin ninguna significación de la presencia liberadora de Dios.
La actitud opuesta a la anterior es creer que el maná bajó literalmente del cielo. El argumento que ordinariamente se esgrime es que Dios es Dios y que para él no hay nada imposible. Esta actitud, muy frágil, por lo simplona y acrítica, obedece a una idea no histórica de Dios.
La tercera actitud se fundamenta en la forma que tenían los primeros cristianos de escribir. Frecuentemente realizaban «paralelismos». Y así como el antiguo pueblo de Israel comió en el desierto un alimento que fue la base de su sustento, así la Iglesia (nuevo pueblo de Dios) encuentra en la eucaristía el alimento que le sostiene y le ayuda a configurarse como pueblo de Dios.
El educador cristiano explica a niños y adolescentes el significado profundo de la eucaristía y les ayuda a participar de este sacramento que nos une a Cristo.

Tabgha
El texto de hoy hace referencia a la reflexión que Jesús hace tras haber multiplicado los panes y los peces. La acción transcurre en la orilla del Mar de Galilea.
Una sólida tradición cristiana sitúa este pasaje evangélico en un lugar llamado Tabgha.
El nombre griego del lugar es: Heptapegón, que significa «Siete manantiales». Es un lugar de gran belleza y verdor. Actualmente siguen fluyendo los siete manantiales.
(En la imagen inferior, uno de ellos) La peregrina Egeria, ya en el siglo IV, describió el paraje como muy bello y apacible.

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